Cuando se abusa de los adjetivos

Exceso de adjetivos

¡Auxilio! ¡Socorro! Una horda de adjetivos ha invadido mi texto. ¿Qué hago? Sí, hay veces que escribimos con exceso de adjetivos, y esto puede ser demasiado agobiante para la lectura. No me dices nada, solo adjetivas y adjetivas y adjetivas con el fin de… ¿matarme de aburrimiento? Imagínate que, de veinte sustantivos que tiene un párrafo, les pones dos adjetivos a cada uno… ¡ya sería el colmo! El adjetivo se convierte en una célula calificativa, y la mitosis está servida, amigos. El abuso de los adjetivos se reproduce por mitosis por todo el texto y se pueden vender adjetivos al peso y todo. Por supuesto, me estoy refiriendo a los adjetivos calificativos (pequeño, negro, antiguo, etc.) y a los participios que actúan como adjetivos (hojas caídas, película aburrida, etc.). Ambos tipos de adjetivos lo que hacen es proporcionar una cualidad al sustantivo.

En la gramática, el adjetivo complementa al sustantivo, pero en la literatura adquiere un rasgo más: lo embellece y puede hacer que el lector lo reciba como una imagen muy visual. Por eso hay que saber escribir, hay que hacerlo bien, con medida, segando lo que sobra para que el lector rellene el resto sin esfuerzo.

Por ejemplo, si estás escribiendo que el personaje principal está contento porque ha comenzado a trabajar en lo que le gusta, iba por la calle y se ha encontrado un billete de cincuenta euros y que al llegar el casa la chica que le gustaba lo estaba esperando en el portal, no hace falta que lo engoles todo con adjetivos tales como «feliz», «entusiasmado», «contento», «alegre», etc. Con la información que me estás dando, vivimos en un mundo donde trabajar en lo que nos llena, encontrarse dinero y verse con la persona que te gusta es algo más que positivo. No lo decores con adjetivos que no aportan.

 

¿POR QUÉ SE ABUSA DE LOS ADJETIVOS? 

Quizá porque se quiere impresionar, para que el lector sienta que el escritor sabe mucho porque emplean infinidad de adjetivos para cada sustantivo. ¡Pero esto es un error! No hay que llevarse a engaño. En este caso, menos es más. No hace falta enfatizar adjetivando el sustantivo cuando el sustantivo ya lleva implícito ese adjetivo.

Otra razón sería la contraria. ¿Me faltan recursos para expresar lo que quiero decir? Pues relleno mi carencia de vocabulario con adjetivos. Es un remedio sencillo, ya que en vez de buscar el sustantivo o la expresión acorde para escribir algo, nos limitamos a poner el primer adjetivo que se nos viene a la cabeza, y si encima se produce una mitosis (dos adjetivos), pues mejor.

 

“No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuántas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo”. 

Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista.

 

¿CÓMO SOLUCIONAR EL ABUSO DE LOS ADJETIVOS? 

Piensa, ¿es realmente imprescindible ese adjetivo que has puesto? Ya hay casos en los que el sustantivo connota un determinado adjetivo. Por ejemplo, en «las mantas son calentitas», no hace falta que adjetives «mantas», se sobreentiende que son calentitas. Lo mismo ocurre con «las farolas son lumínicas» o «los pájaros cantarines». A no ser que esté justificado en la narración, puedes prescindir del adjetivo. ¿Para qué? Para que el texto no resulte empachoso, vacío, ineficaz. Recuerda, no embelleces el texto. ¡No abuses de los adjetivos!

Te reto a que cuentes los adjetivos que hay en tu texto. Tienes que desadjetivar tu escritura. Pero, recuerda, no prescindas de ellos, simplemente opta por reducirlos.

1.- Quita cualquier adjetivo que no esté aportando información útil. «Aquella mañana soledad y esplendorosa«, «El sol caliente y brillante de agosto», «El pájaro cantarín y madrugador«.

2.- Haz una prueba, ¿cómo quedaría la frase si lo quitas? Hay sustantivos que sobran según el contexto. Por ejemplo: «Se puso el pijama calentito de franela». Se sobreentiende que, si es de franela, es caliente. Si lo quitas y ves que no se pierde ningún matiz, así está bien.

3.- No uses dos adjetivos para un mismo sustantivo. Y menos este tipo de adjetivos que dañan los ojos tipo «estupendo», «maravilloso», «hermoso», «estupendo». Estos adjetivos son manidos y sin trasfondo. Para ello es mejor que me muestres lo que está pasando antes de emplear alguno de ellos.

4.- El caso de los epítetos. Un epíteto es el adjetivo que se añade a un sustantivo. ¿Qué cualidad presenta? La de acompañar SIN modificar al sustantivo. ¿Para qué se usa? Simplemente para producir un efecto estético. Por ejemplo «verde hierba» o «dulce miel» «roja sangre». Pero OJO, este efecto estético no sirve si no se sabe usar. Por lo que se caería de nuevo en un exceso de adjetivación si eres un escritor novato. Piensa si aportan algo a lo que estás narrando. Otra cosa muy distinta sería escribir «un páramo de hierba despoblada»; es decir, con un adjetivo distinto sí se aporta otro significado, y seguro que ahora estáis pensando en un páramo lleno de calvas. Por cierto, esto mismo ocurre con los pleonasmos, tales como «cita previa», «cadáver muerto», «accidente fortuito», «buena panacea» o «puño cerrado».

***

En el blog del escritor Javier Pellicer he encontrado un artículo sobre este tema que me ha gustado y que amplía lo que os estoy contando sobre el exceso de adjetivos. En él hay una imagen que ilustra a la perfección este tema:

 

exceso de adjetivos

 

Ya sabes, emplea todos tus recursos para embellecer el texto, pero no optes por sobrecargar de adjetivos una novela tan preciada, bella y sublime como la que seguramente estás escribiendo ahora. Recuerda que no se trata de eliminar los adjetivos de tu narrativa, sino de limitarlos, de cargar de significado a los sustantivos y emplear las palabras justas que hagan que el lector sepa y vea lo que quieres transmitir. Al final, un escritor es un mago de lenguaje, pero para ello también hay que entrenar, entrenar y entrenar. ¡Ánimo, capaz y perseverante escritor!

 

*Nota. Se han sacrificado muchos adjetivos en esta publicación, pero ninguno ha sufrido daño. Otros, en cambio, se han rebelado y se han quedado. Al final, los he tenido que dejar sin emplear la violencia para que sirvan de ejemplo.

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